miércoles, 8 de diciembre de 2010

Tres pasos para ofrecer directrices a tu equipo

Hace ya algunos días mencionaba yo una anécdota sobre cómo subir al equipo en la "estrategia" y casualmente hoy he recido una "píldora" de Harvard Business Review titulada "3 Steps to Give Your Team
the Direction It Needs".

En esa píldora se menciona que con cierta frecuencia, la gente trabaja duro en los proyectos en los que están asignados sin comprender realmente cómo sus esfuerzos contribuyen a los objetivos de la organización y recomienda aplicar los siguientes tres pasos:

1.- No asumir que todo el mundo conoce la estrategia. Se debe evitar cometer el error de pensar que sólo por haber "compartido" la estrategia la gente la comprende.

2.- Confirmar que se ha entendido lo mismo respecto a lo que se ha compartido. Para ello es importante visualizar dónde se está actualmente (foto fija) y hacia dónde queremos ir, y por tanto qué hay por delante. Es muy importante compartirlo con todos los niveles, los colaboradores, pero también nuestros propios responsables para verificar que todos tenemos la misma visión compartida.

3.- "Unir los puntos". Tener una sesión con el equipo y crear dos listas: una con los proyectos principales que tenemos entre manos y otra con los objetivos de la organización. Unir los puntos de las dos listas con líneas. Si vemos que hay proyectos que no tienen un enlace directo con los objetivos de la organización debemos considerar redefirnir nuestras prioridades o "eliminar" esos proyectos.

Si retomásemos el post en el que yo hace unos días contaba mi anécdota, mencionaba que era habitual que la gente se "quejase" de que no concocían la estrategia, a pesar de contarla una y otra vez (punto número 1). Para aplicar el punto número 2, yo de forma intuitiva decidí que la estrategia del equipo la definiésemos entre todos, de modo que al salir de la reunión todos tuviésemos claro y compartiésemos lo que debíamos conseguir. Y la forma de aplicar el punto número 3 fue utilizando dos listas priorizadas de nuestros proyectos, una referente a nuestras preferencias personales y otra referente a cómo aportábamos más a la organización y que decidiésemos por cuál de las dos listas debíamos apostar. Ganó aquella lista que contribuia a los intereses de la empresa.

Permitidme que comparta con vosotros la alegría que he sentido cuando he leído la píldora de la Harvard Business Review en la que he visto parcialmente reflejadas acciones que decidí tomar hace unos años cuando era una líder novel (todavía lo soy, pero ya empiezo a tener mi propia experiencia).

Esto me anima a seguir probando fórmulas para intentar definir mi propio estilo de liderazgo y sacar conclusiones a posteriori para analizar cómo han resultado esas pruebas.

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